La Religión como ciencia de "prueba y observación", enmarcada solo en las verdades absolutas. La filosofía como herramienta para resolver el asunto de "Ser". Sophia como aquello que resulta del "conocer", y la "duda inteligente" como crisol de la Fe. La Sincretoclastía como única regla.

Trauma pre-natal.

Trauma pre-natal.


En nuestra búsqueda y comprensión de todos los aspectos naturales y psicológicos, que sumados provocan nuestra incapacidad de percibirnos como lo que realmente somos, partiendo de la sencilla observación de nuestras reacciones en contraposición a nuestra voluntad, cosa que al principio no es nada fácil de hacer, ya que presupone un grado de discernimiento, pasando luego al refreno de todo impulso que conlleve a la creación en cada uno de los cuerpos psicológicos, y posteriormente, los fenómenos de memorias asociadas tanto a la genética como a vidas pasadas y a la naturaleza animal pura y salvaje, ahora, al final, hemos encontrado un enorme obstáculo vertical, tan grande como una montaña, el cual marca nuestras tendencias más profundas e invisibles de nuestra psicología. Nos referimos a aquello que ha quedado grabado física y psicológicamente en nosotros en las tempranas etapas de la formación fetal. Químicamente afectados y conductualmente prisioneros de lo que experimentó nuestra madre desde el momento de nuestra concepción hasta el nacimiento, hemos quedado influenciados por esas primeras memorias, tan profundas, que resulta casi imposible descubrirlas.

En el constante crisol del discernimiento, la dilucidada voluntad, separada de la mecánica experimentación de escenas, que como fantasmas tienden a robar nuestra atención hacia eventos detonados por nosotros mismos, al rastrear el origen de muchas de ellas, que sin formas ni figuras, urgen por formar patrones y ansiedades, denotamos esas memorias heredadas en nosotros, coincidentes con períodos de gestación. Quizás no suene muy científico lo que estamos diciendo, más sin embargo, solo la ciencia puede apoyar semejante hipótesis, la cual debemos comprobar individualmente, cada uno de nosotros, pues, contada o estudiada de otro, no convence, empero, las pruebas que hemos obtenido apuntan completamente a eventos que mediante la química de hormonas secretadas por nuestras madres y compartidas mediante el cordón umbilical, además de las cargas emotivas y eléctricas percibidas en condición fetal, forman imágenes borrosas - rostros difuminados, sonidos inteligibles, formas distorsionadas, sensaciones difusas, pero suficientemente asociables a eventos que viviremos a lo largo de la vida post parto, dándonos suficiente material como para nacer ya con gustos adquiridos y tendencias claras de comportamiento, atracción y repulsión, afinidad y apatía. Dicen que - nunca mejor dicho - "lo que se hereda no se hurta".

Si bien es cierto que psicológicamente sufrimos de defectos, vicios y compulsiones, ello aunado luego a la carga genética del cuerpo físico, que contiene información reaccionaria para casi cualquier evento de la naturaleza, ahora sabemos que tenemos éstos traumas pre-natales - llamados así porque en efecto marcan o trauman al feto - los cuales se posicionan en una escala muy profunda de la razón de gran parte de nuestro comportamiento y personalidad.

A la pregunta de si ¿podemos o no vencer semejante fuerza constitucional de nosotros mismos al respecto de los impulsos? la respuesta es si. Acostumbrado el artífice, denota el detalle. Solo es cuestión de consecutividad y persistencia. Si bien es cierto que los sentidos físicos son cinco - oficialmente hablando -, y una cantidad mucho mayor los del alma, entre los poderes espirituales está la auto-percepción, mediante el cual podemos distinguirnos a nosotros mismos de todo aquello que no es lo que somos - como por ejemplo las memorias - y por ende observarnos de la única manera en que podemos refrenar cualquier impulso, no importando la antigüedad ni la profundidad del mismo.

Al parecer, los arcanos nunca se acaban, aún cuando solo es uno.




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