La Religión como ciencia de "prueba y observación", enmarcada solo en las verdades absolutas. La filosofía como herramienta para resolver el asunto de "Ser". Sophia como aquello que resulta del "conocer", y la "duda inteligente" como crisol de la Fe. La Sincretoclastía como única regla.

Αγιος σοφὸς (Agios Sophos) - Acto primero: La caída.

Αγιος σοφὸς (Agios Sophos).

Acto primero: La caída.

He aquí un asunto sin igual. La máxima de relajar el alma. “¡No coagular, no coagular!”

Si te das cuenta, el alma se contrae y se expande. Cuando se contrae, adquiere formas que pueden durar un poco o muchos eones. Cuando se relaja, pierde la forma y recupera su aspecto de ropaje.

¿Qué viste el alma? ¿Qué cubre? Al espíritu... Aquello que nunca debió vestirse.

¿Para qué existe? ¿Para qué oscurece? Para interpretar y guardar... El tiempo que jamás debió existir.

Lo que no tiene tiempos y no sufre pautas, el que hereda el nunca y el siempre de quien lo emanó, vestido de curiosidad engendró el comienzo.

Quien jamás analizó, ahora experimenta, y maravillado en su propio reflejo, cual insecto nocturno atraído por la llama de la vela, contrajo y apretó coagulando eones de creación.

Quizás no se dio cuenta que el pecado tomó figura, porque no pudo apreciar la consecuencia.

¿Cuándo es delito? ¿Cuándo es pecado? Quizás por la consecuencia o quizás por la intención.

¿Qué forma de justicia es esa? pues, ¿acaso el libre albedrío no es solo para los humanos? No, no es solo para ellos. Es para cualquiera. En base a ello fue creado el infierno. La zona debajo del cielo. El cielo que es la verdadera tierra.

Atraído por su ingenuidad y  nublado por el impulso al roce que desprende de la contracción, aquel, vestido fastuosamente, maravillado de sus vestidos, como si fuesen parte de sí mismo - los vestidos - les incorporó.

¿Cuándo te perdiste? ¿Cuándo te olvidaste? Enterraste tu identidad que no es más que la del que te dio Ser.

¿Algo? ¿Por qué preguntarme dónde si nunca estuve y ahora Soy?

Acostumbrado a la obra de contraer, el impulso rige el ser, y creativo serpentea en sus propias curiosidades.

El impulso crea al animal, el animal a la bestia, la bestia a la sombra y la sombra alimenta al olvido.

Entre tanto, en medio del frenético abismo, el instinto gobierna y agrupa a los demás caídos.

¿Quién recuerda el pan? ¿Quién recuerda el vino? Ligado al destino, en una rueda ahora has de andar.

¿Tiempo? ¿Cuánto? Nadie lo recuerda, mas aquello que como al puente, la cuerda, el abismo ya no puede franquear.

¿Alguien recuerda la lengua? ¿Alguien recuerda el orar? Cierto es que los hermanos ignoran su parentela y arrebatándose lo que puedan no se dejan en paz.

Si alguno descubre un rayo de luz, créese la fuente por sí mismo, y subyugando a los más dormidos, aumenta lo que no es.

Otros, proyectados en sus propias sombras cual avatares, pierden la cabezas perjurando que son ellas.

Atesorando lo que acusa, acumulando lo que empobrece, reos de los roces, presos de lo que pesa.

¡Más, más, más! grita la emoción, que sonsacada por la inteligencia, se admira a sí misma.

¿Y por qué terminar así? Quizás es el último pecado... El miedo, lo que te ha asaltado, a tus entrañas aprisiona, casi como queriendo hacer de todas tus vísceras una sola. 

Solo al Ser teme el Ser, y escurridizo se oculta de la propia luz, de esa nostalgia incomprendida, de esa inocencia aborrecida, porque en la dura existencia solo sobrevive el que conoce y no el que apenas ha llegado a la vida.

Corrompido, aquel que miró su reflejo, ahora huye de sí mismo.


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